“Escribir terror es lo que más me gusta” nota a Mariana Enriquez.

MARIANA ENRIQUEZMariana Enríquez es una escritora como pocas. Nacida en Lanús, vivió muchos años en La Plata y se recibió como Licenciada en Comunicación Social en la UNLP. A los 21 años publicó Bajar es lo peor, su primer novela, que sorprendió a todos por su calidad y estilo. Y no paró de escribir.

Actualmente trabaja como subeditora del suplemento Radar de Página/12. Su segunda novela “Como desaparecer completamente fue traducida al Alemán. Su carrera es impresionante y larga, sólo destacamos arbitrariamente algunas partes.

Además de su trabajo como periodista y escritora ha participado como jurado en algunos concursos literarios y en septiembre de este año comienza con sus talleres de escritura en la Fundación Tomás Eloy Martínez.

En el año 2009 publicó su libro de cuentos Los peligros de fumar en la cama, y como si se tratase de una cuestión natural, sus pasos la fueron llevando, cosa que quedó plasmada en esta obra, hacia el terror. Y en eso es una de las mejores, sin lugar a duda.
Mariana habló con Diagonales.com, un poco de todo esto y de sus nuevos proyectos que incluyen una biografía de Silvina Ocampo.

Con tu novela “Los peligros…” te volcaste de lleno al terror, aunque algo de fantasía y oscuridad también estaba presente en tus anteriores trabajos ¿fue algo que sentiste como necesario?

-¿Por qué escribir terror? Es sencillo. Porque es lo que más me gusta y lo que leo. Me saqué el gusto. Había escrito dos novelas de corte realista –más o menos realista; yo creo que Bajar es lo peor es casi fantástica pasa que engaña el escenario urbano, y Cómo desaparecer es una novela de iniciación, al escribirla no me preocupó mucho el realismo–. Pero durante años no me salió bien el terror, ni el fantástico para el caso, tuve que leer y fracasar mucho. Finalmente los cuentos me dejaron satisfecha y los junté en un libro. Todos fueron escritos en la misma época, algunos a pedido; uno de ellos, Chicos que faltan, lo extendí como nouvelle y lo publiqué en Eduvim, una editorial universitaria de Villa María, Córdoba.

Y el año pasado, también, participé en una antología de terror de escritores argentinos consagrados y muy populares, desde José Pablo Feinmann hasta Guillermo Saccomano, pasando por Claudia Piñeiro, Pablo de Santis y Federico Andahazi. Fue raro verme ahí porque yo tengo mucha, mucha menos popularidad y prestigio que ellos. Pero, sin falsa modestia, me gusta el cuento que incluí, “El patio del vecino”; es un cuento de “horror social”, digamos, con influencias de Ramsey Campbell, un escritor británico que no me gusta muchísimo pero siempre me inquieta (es autor de La secta sin nombre, creo que fue adaptada al cine como Los Sin Nombre). En general miro mucho cine de terror pero no me influencia nada en la escritura, para mi son dos medios incompatibles en ese sentido. Me puede disparar una idea, pero no mucho más.

El año pasado formaste parte de una antología de cuentos en la que prestigiosos escritores, rendían homenaje al maestro del terror Stephen King. La misma fue editada, de forma independiente, por el escritor ecuatoriano Jorge Luis Cáceres.

-La antología homenaje a Stephen King se llama No entren al 1408. Tiene cuentos de narradores de Chile, México, España, Perú, Cuba, Ecuador, Chile –a algunos, como Eduardo Varas (Ecuador) o Sergi Bellver (España) o Marina Perezagua (España) los conozco o los leí, compartí otras antologías o encuentros. Estas antologías también están buenas para eso, para conocer a escritores latinoamericanos, saber quiénes son los que están escribiendo hoy. Me pidieron un cuento y dije inmediatamente que sí porque no sólo soy fan de Stephen King, es una influencia literaria fundamental para mi; es un genio y no acepto objeciones. Cada vez hay menos, igual; desde que le dieron un premio nacional de Literatura en EEUU, lo entrevistaron en el Paris Review y ganó otros premios prestigiosos medio que lo canonizaron.

El libro ya fue presentado en Ecuador y por ahora se consigue comprándolo online, lo que es un problema para los lectores de acá. Pero seguramente en unos meses alguna librería que suele importar libros traerá algunos ejemplares. Mi cuento es un homenaje, digamos, “intertextual”: la trama es mía –una trama de suburbio y amistad de chicas y leve fanatismo religioso que se tuerce– pero recreo varias escenas icónicas “robadas” de novelas de King que los fans reconocerán enseguida.

Actualmente estás trabajando en un perfil biográfico de la escritora Silvina Ocampo ¿Cómo surgió ese proyecto?

-En 2011 participé de un libro colectivo de la UDP, la editorial de la Universidad Diego Portales, de Chile, editado por Leila Guerriero. Se llama Los Malditos y el mecanismo fue así: escritores vivos latinoamericanos escribían un perfil biográfico, con investigación periodística, de escritores “malditos” del continente. Por ejemplo, Alan Pauls escribió sobre Jorge Barón Biza, Juan Gabriel Vásquez sobre el colombiano Porfirio Barbajacob, a mi me tocó Alejandra Pizarnik. Les gustó el texto, al libro le fue bien y me pidieron un perfil, mucho más largo de Silvina Ocampo. Acepté con algo de miedo, pero ya lo estoy terminando.

Digamos que allí se mezclaron, de una manera más neta, la escritora y la periodista. ¿Cómo fue investigar y conjugar tus dos facetas?

-Fue bastante difícil. Conocía bastante bien la obra de Silvina, pero para escribir tuve que obsesionarme, y en ese proceso pasás de amor al tedio con mucha facilidad. Salí de releerla con atención asombrado de lo enorme que era como cuentista y lo poco interesante que era como poeta, casi dos personas. Entrevisté a todos los conocidos y amigos vivos que quedan y que pude encontrar –Francis Korn, Eduardo Paz Leston, Edgardo Cozarinsky, Ernesto Schoo, María Esther Vázquez, Noemí Ulla, hasta al lustrabotas de Bioy Casares, su marido; visité su casa de Mar del Plata, que ahora es un colegio, la casa familiar que es Villa Ocampo –ex residencia permanente de su hermana Victoria y ahora centro cultural– y me fui a Pardo, el pueblito a las afueras de Las Flores donde vivió con Bioy en los años 30, en la estancia Rincón Viejo. Ahí no pude entrar, tampoco a la casa de Posadas. ¡Era gente con muchas propiedades, como se darán cuenta!

Y leí por supuesto todo el material teórico que encontré, que es mucho. La investigación fue muy larga. Y las dificultades fueron primero tratar de abordar una clase social de la que desconozco todo y luego romper ciertos silencios que hay sobre la vida privada de Silvina, no porque necesitara hacer “Intrusos” sino porque muchos de esos chismes son parte de una mitología que necesitaba confirmar. Logré esto último a medias, que era más de lo que esperaba. Estoy encarando el perfil como un collage, diseccionando a Silvina en sus diferentes épocas y facetas (vivió 90 años). Por ahora, el principal problema es que es larguísimo.

En septiembre comenzás con tus seminarios de cuentos de terror en la fundación Tomás Eloy Martínez. ¿De qué se tratan exactamente estos encuentros? ¿Son sólo para escritores?

– No es un taller de escribir cuentos de terror. Es un taller de lectura. Yo leo terror desde hace veinticinco años y me asombra que en Argentina haya pocos escritores del género, o que estén muy ,muy en el under. Creo, además, que hay un hueco importante sobre quiénes son los escirtores de terror contemporáneo, hacia donde llevaron el género desde los años 80. Por lo general, la gente cuando piensa en terror piensa en Lovecraft y Poe, como moderno en King, y listo. Y resulta que hay cantidad de escritores que llevaron el género a límites insospechados: ya no se le dice casi “terror”, se le dice fantasía oscura, neogótico, cuento extraño, horror urbano, horror extremo, en fin, hay cantidad de subgéneros. La idea del taller es que los que vengan –no es sólo para escritores, es para los que se interesen en el género y su evolución– lean a autores que son ya legendarios dentro del campo y en sus países y que acá se conocen muy poco o entre super entendidos. Y que puedan ver que con el género se puede hacer cualquier cosa, que ya no hacen faltan monstruos ni remate ni siquiera dar un golpe de miedo; que son cuentos donde lo básico es el clima, la extrañeza, lo siniestro, lo amenazante que es este mundo; también cómo se transforman y reconvierten temas clásicos para el presente.

Algunos cuentos los traduje especialmente porque no están en castellano. Vamos a leer a Neil Gaiman, Ramsey Campbell, Harlan Ellison, Poppy Brite, Steve y Melanie Tem, China Miéville, Robert Aickman (uno de los mejores cuentistas del mundo, sin diferencia de género), David Schow, Shirley Jackson, y por supuesto a King. Son cuatro clases y me quedaron afuera autores que me encantaría leer como Peter Straub o Albert Sánchez Piñol o Kelly Link, pero puede haber segunda parte el año que viene si sale bien.

Nota tomada de Diagonales.com: http://diagonales.infonews.com/nota-195641-seccion-114&Redirect=false-Escribir-terror-es-lo-que-mas-me-gusta.html

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