De puto miedo, nota extraída del blog de Carlos Castillo

Amigos, les dejo con una nota publicada en el blog de Carlos Castillo a propósito de la segunda edición de “No entren al 1408”. La nota compara la cruda realidad que vive México en los actuales momentos con parte de los cuentos de esta propuesta editorial.

DE PUTO MIEDO!

Terminé de leer el libro “No Entren al 1408”, antología de cuentos de terror creada para rendir tributo a Stephen King a través de 22 cuentos de autores hispanoparlantes que han sido inspirados o influenciados por la obra de Stephen King. Está suave el libro, pero al igual que sucede con la música covereada, aunque el tributo sea digno nunca estará a la altura del original, pero seguramente no pretendían eso los autores aquí reunidos.

La antología merece ser leída por ser un ejercicio interesante el de tratar de atrapar el rollo de un autor de lengua extranjera (y de terror) a través de letras castellanas, ya sea para emular (que no es fácil) o proponer algo nuevo (que es todavía más difícil).

Pero no es eso exactamente a lo que quiero llegar, en todo caso “No entren al 1408” ha sido para mí lo que todos los libros deberían ser: un detonante o un catalizador que me generó algunas ideas que van más allá del texto leído, derivando en este post.

Mientras leía el cuento: “Mr. Munch”, del peruano Carlos Yushimito, uno de sus párrafos me explotó en la cara con el estruendo de la realidad, me remitió, a través de tan sólo unas cuantas palabras, a la situación actual de nuestro país, la cual es más atemorizante que cualquier cuento de terror escrito en español o en inglés.

El argumento del cuento no es, específicamente, de terror; habla de un vendedor de aspiradoras cuyo cuerpo y alma son usurpados por el fantasma de otro vendedor muerto anteriormente. El cuento no tiene una correlación directa con los acontecimientos que hemos visto recientemente en México, pero un párrafo, que transcribo a continuación, me recordó, a modo de bofetada, cual es el contexto en el que vivimos (nosotros, y por lo que leo del peruano, una buena parte de américa latina), y que es aún más atemorizante porque apesta a pura realidad; el párrafo dice:

[…] ¿Cuál podría ser la dificultad de vender algo en un país que está convencido de su propia tolerancia a la corrupción?, si han acabado votando por un presidente que les robo la dignidad durante casi 10 años […]

Lo anterior es un retrato de México en sólo 37 palabras.

Pese a estar haciendo referencia a otro país o a un lugar ficticio, nos cae, por desgracia, como anillo al dedo.

En México nos han convencido de que es natural que nuestra genética nacional contenga el cromosoma de la corrupción, nos han convencido de que la corrupción es un engrane más de la maquinaria de nuestra vida diaria como país; por lo que aceptamos políticos que a su vez adoptan como normal la corrupción en su modo de vida, baste ver los casos de las casas de Peña Nieto y Videgaray que son, evidentemente, producto de un tráfico de influencias corrupto, pero para ellos eso es propio y normal de las cúpulas de poder.

Su conveniente ceguera está tan instalada que ya no perciben lo anormal e incorrecto de la presencia de la corrupción en su realidad inmediata, y mucho menos lo van a percibir en la realidad de los sectores de la sociedad más alejados de su mundo adinerado, politiquero, empoderado, de contratos millonarios y visitas internacionales; para ellos es todavía más normal que en las zonas de mayor pobreza en México la corrupción sea pan del diario, han quedado imposibilitados, por ignorancia y conveniencia, para ver la increíble anormalidad de tragedias como las de los estudiantes asesinados y desparecidos de Ayotzinapa, les es imposible entender por qué eso es algo que las familias de los estudiantes no pueden simplemente superar, que eso es algo de lo que no te alejas para seguir adelante.

Los políticos, y mucha de la sociedad mexicana, no pueden ver la imposibilidad de dejarlo atrás; no pueden porque están convencidos de su propia tolerancia a la corrupción, como apuntó Carlos Yushimito, y qué esperábamos si México acabó votando por un partido que le robó la dignidad por más de 70 años, y lo sigue haciendo día tras día tras día tras día.

Aunque la popularidad de Peña Nieto y el PRI vayan a la baja, irónicamente, siguen estando por arriba de la popularidad de los otros partidos, lo que nos augura la permanencia de esa tolerancia resignada de los mexicanos ante nuestra propia corrupción.

Ojala este miedo que siento, tan real y latente, tuviera como origen alguno de los cuentos del tributo a Stephen King y no la realidad misma.

Me percato que las letras castellanas saben hablar, mejor que cualquier otro idioma, sobre el género del terror, que miedo que estas letras son las que narran la realidad y no la ficción de un cuento.

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